¿Adiós al 'roaming'? Un triunfo con letra pequeña en pleno 2026
La Unión Europea erradicó en 2017 los sobrecostes de itinerancia que lastraron las facturas durante años, pero el fin del roaming no ha sido total, dejando en evidencia la persistencia de barreras en ciertos países.
Imagen generada con IA
Quienes recuerdan la agonía de las facturas telefónicas tras un viaje al extranjero en la década de los 2000, saben que la llegada del 'roam like at home' en Europa fue una auténtica revolución. Aquella era una época donde un simple uso de datos podía disparar los costes a niveles insospechados, alimentando un negocio lucrativo para las operadoras a costa de los viajeros. Sin embargo, la lucha de Bruselas por la itinerancia como en casa ha transformado radicalmente el panorama, aunque, como veremos, el camino hacia una itinerancia completamente gratuita aún tiene excepciones notables.
Durante años, los precios del roaming fueron un campo de batalla entre los consumidores y las empresas de telecomunicaciones, con la Comisión Europea instando a rebajas significativas desde al menos 2007, como señalan algunas fuentes. No en vano, se consideraba una incoherencia que las tarifas internacionales fuesen tan elevadas dentro de un espacio económico común. Esta presión constante buscaba limitar los precios máximos de llamadas y mensajes de texto, sentando las bases para lo que vendría después.
Finalmente, el 15 de junio de 2017, la normativa europea «Roam Like at Home» entró en vigor, marcando un antes y un después. A partir de esa fecha, los usuarios dentro de la Unión Europea y el Espacio Económico Europeo (Islandia, Liechtenstein y Noruega) pudieron utilizar sus tarifas nacionales de voz, SMS y datos sin sobrecargos, como si estuvieran en su país de origen. Una política tan exitosa que la UE acordó extenderla hasta 2032, sumando incluso a Moldavia y Ucrania al acuerdo en fechas recientes. Este cambio no solo eliminó el miedo a las facturas desorbitadas, sino que también impulsó una mayor conectividad y libertad para los ciudadanos europeos.
Un choque de trenes: la regulación frente al mercado
El camino hacia la desaparición del roaming no estuvo exento de tensiones. Los operadores móviles se mostraron históricamente reacios a reducir sus ingresos por itinerancia, un reflejo de cómo la competencia en telecomunicaciones se veía limitada por fronteras geográficas. La intervención de la Comisión Europea, abanderada por figuras como Viviane Reding en 2007, fue crucial para forzar una bajada generalizada de tarifas que inicialmente parecía una quimera. Al regular los precios máximos de llamadas y mensajes, Bruselas sentó un precedente que culminaría con la eliminación de los recargos, demostrando la capacidad reguladora de la Unión para corregir fallos de mercado y beneficiar directamente al consumidor. En ese sentido, lo que antes era un privilegio para unos pocos, se convirtió en un derecho para todos los ciudadanos del Espacio Económico Europeo.
El sueño europeo con límites: la política de uso razonable

Aunque el roaming es gratuito en la UE, no es ilimitado. La regulación europea establece una política de «uso razonable» para los datos móviles, diseñada para evitar que los consumidores contraten tarifas en un país de la UE para usarlas de forma permanente en otro, aprovechando posibles diferencias de precios. Esto significa que los operadores, como Movistar o cableworld, pueden aplicar un límite de gigabytes en roaming que depende de la tarifa contratada por el usuario. Por ejemplo, en 2026, tarifas de 20€/mes con cableworld garantizan al menos 14 GB, cifra que seguirá aumentando en los próximos años a medida que bajen los precios mayoristas.
Si bien las llamadas y los SMS no tienen esta restricción de volumen, al superar el límite de datos, el servicio no se interrumpe, sino que se aplica un recargo mayorista fijado por Bruselas, que será de 1,30€/GB en 2025. Los operadores están obligados a informar a los usuarios mediante SMS cuando se acercan o superan este límite, garantizando así transparencia y control sobre el gasto. Esta es una medida que busca el equilibrio entre la libertad del usuario y la sostenibilidad de las redes de los operadores, una lección aprendida de las negociaciones que sentaron las bases del actual modelo.
Las excepciones persisten: los bolsillos que aún sangran en Europa
A pesar de la amplia cobertura del «Roam Like at Home», algunas zonas geográficas europeas siguen siendo focos de sorpresas en la factura. Países como Andorra, Suiza y Mónaco —que no forman parte de la UE ni del EEE— siempre han tenido tarifas especiales, y aún hoy, operadores como Movistar los incluyen en una «zona especial» con tarifas propias, aplicándose cargos desde el primer momento de uso de datos. De hecho, circular por zonas fronterizas con estos países puede llevar a que nuestro móvil se conecte automáticamente a sus redes, generando costes adicionales incluso sin haber cruzado la frontera.
El caso del Reino Unido es particularmente complejo. Tras el Brexit en 2020, cada operador español ha tomado sus propias decisiones. Si bien algunos, como O2 o Movistar, mantuvieron inicialmente el roaming gratuito, otros están eliminando progresivamente estas condiciones. Por ejemplo, Mundo-R ha anunciado que a partir del 22 de junio de 2025, el Reino Unido dejará de ser tarificado como UE, y MasMovil hizo lo propio desde el 3 de marzo de 2025. Esto significa que, en función del operador, viajar al Reino Unido hoy en día puede implicar un recargo significativo. Ante esta diversidad, la recomendación de Aecomo es clara: verificar siempre las tarifas específicas con su operador antes de viajar para evitar sustos inesperados. La era del roaming como en casa es una realidad para la mayoría de Europa, pero la vigilancia sigue siendo la mejor aliada del viajero conectado.
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